Negocios de barrio. Bares y bodegas: Victrolas (Parte I)
Por Víctor Ángel Fernández
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Boleros vitroleros. Una denominación que se le colgaba a cualquier canción que hablaba de encuentros y desencuentros, de mujeres de la vida y hombres rompiendo copas para tomar con sangre. A través de esos equipos mecánicos pasaba la mejor promoción popular de la música que más gustaba en aquellos amantes de la canción de mensaje fácil y directo.
“Aprendí, todo lo bueno. / Aprendí todo lo malo. / Sé del beso que se compra. /Sé del beso que se da…”
En varios países recibió nombres que iban desde la victrola propiamente dicha, pasando por Veyonera, en República Dominicana, Juke box, directamente de Estados unidos o Wurtlitzer por la marca.
En esas viejas calles de La Habana, en cualquier esquina podía encontrarse una de ellas. Cuarenta o cincuenta discos de los llamados de 45 rpm. La lista completa de sus títulos e intérpretes. Una moneda de cinco centavos. Dos teclas, una de letra con otra de números, algo así como A15 o C32 y ya tenía seleccionada la canción de su gusto, sobre todo, la canción del momento.
“Un amigo mio, / a la que yo un día llevé hasta el altar. / Un amigo mío, / en mi propia casa me vino a robar”
Existían en aquella Habana, establecimientos de esquina dedicados únicamente a ser bares, mientras otros, utilizando las bondades del triángulo de paredes, ofrecía por un lado la bodega y por otros el expendio de bebidas y licores. De esa forma, las personas que solo venían a adquirir, el paquetico de café del día o la librita de arroz, no tenían que mezclarse con los tomadores sempiternos de líneas de ron o botellas de cerveza: Hatuey, Cristal o Polar, las mas conocidas.
Los bares de esquinas también aprovechaban esta variante angular y por un lado ofrecían desayuno o algún refrigerio, mientras la otra cara del triángulo, cumplía el objetivo de las bebidas.
“Celos de la flor que hueles, del verde suelo que pisas. / Del sol que quema tus carnes, / del aire que te acaricia…”
Voces muy conocidas, sobre todo de la música cubana de los años 50: Rolando LA Serie, Fernando Albuerne, Orlando Vallejo, Tejedor y Luis, Orlando Contreras, sin olvidar al Beny otras conocidas orquestas, tenían allí casi más difusión que en una emisora radial. ME contaba un amigo que podías hacer una grabación, cuando eras desconocido, entregarla al dueño del bar y ya tenías tu incipiente red social para darte a conocer.
“No sigas diciendo, que un amigo tuyo / y tu propia esposa/ mancharon tu hogar”
Nada que ver con las letras y los niveles de volumen de la actualidad, aunque, justo es reconocerlo, en algunas localidades, sólo podían ser conectadas a ciertas horas del día, incluso ciertos días de la semana, pues alguna agrupación de defensa de las buenas costumbres, regulaba sus acciones.
Un conocido analista musical decía en un artículo: s no estas en las victrolas de los principales bares de La Habana, no existen en el mundillo de la música cubana.
Así eran aquellos tiempos de Mis Recuerdos. Nos vemos en la segunda parte.
“Mozo / Sírveme en la copa rota /quiero sangrar gota a gota/ el veneno de su amor”
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